Mazda rechaza la electricidad en su pickup BT-50
A pesar de la disponibilidad de la Isuzu D-Max EV, Mazda no tiene planes inmediatos para desarrollar una BT-50 eléctrica, por lo que sigue apostando por el diésel en sus pickups.

En el panorama actual del mercado automotriz, donde la electrificación se impone como tendencia global, Mazda ha tomado una postura interesante respecto a su camioneta BT-50. A diferencia de otras marcas que apuestan por vehículos completamente eléctricos, el fabricante japonés no tiene planes inmediatos de presentar una versión eléctrica de dicha pickup.
Esta decisión se basa en las preferencias del mercado y en las características que han convertido a la BT-50 en un modelo exitoso. De acuerdo con Vinesh Bhindi, director general de Mazda en Australia, el mercado aún no ha demostrado una demanda significativa para una camioneta eléctrica. Además, valoran la potencia y la eficiencia del motor diésel en este tipo de vehículos.
Mazda mantiene su compromiso con la tecnología diésel, considerando que sigue siendo una opción competitiva en términos de emisiones bajas de CO₂ frente a las alternativas híbridas y eléctricas, además de destacar por su confiabilidad, torque a bajas revoluciones y capacidad de carga y arrastre. Estas características son esenciales para aquellos que utilizan la BT-50 como vehículo de trabajo o recreación.
Si bien Mazda no descarta explorar el camino eléctrico en el futuro, actualmente su prioridad está en ofrecer a los consumidores opciones diésel que satisfagan sus necesidades. La compañía reconoce la importancia de adaptarse a las demandas del mercado, pero también busca mantener un enfoque estratégico en el desarrollo de tecnologías que respondan a las expectativas de los clientes.
Mazda está explorando alternativas para lograr un equilibrio entre rendimiento y sostenibilidad, como la hibridación ligera MHEV (Vehículo Eléctrico Híbrido Suave), que reduce el consumo de combustible y las emisiones sin comprometer las características esenciales del motor diésel. Esta tecnología representa una solución intermedia que podría ser atractiva para aquellos que buscan reducir su impacto ambiental sin renunciar a las ventajas del diésel.