¿Qué es la estrategia del corral intensivo en México?

Los corrales intensivos mexicanos permiten producir carne de alta calidad, impulsando las exportaciones y la competitividad del país en el mercado internacional.

El sol que incide sobre el suelo mexicano, endurecido por la sequía, alimenta una infraestructura silenciosa pero poderosa: los corrales de engorda intensiva. Estos espacios, diseñados para maximizar la eficiencia en la producción de carne bovina, son el motor logístico que impulsa a México en el mercado internacional, ofreciendo un producto de alta calidad y trazabilidad a nivel global.


Más allá de una simple técnica de cría, el corral intensivo representa una estrategia logística que ha permitido a México alcanzar la autosuficiencia alimentaria y posicionarse como líder en producción de carne. Su desarrollo se gestó como respuesta a los desafíos planteados por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), buscando estandarizar la industria cárnica mexicana y competir en el mercado global.


Este modelo se caracteriza por un enfoque que prioriza el control sanitario, la trazabilidad y la eficiencia en el uso del espacio. Cada animal es monitoreado desde su ingreso hasta el sacrificio en plantas, asegurando la seguridad y calidad del producto final. El sistema SINIIGA asigna a cada animal un número único, permitiendo rastrear desde el nacimiento hasta la llegada al consumidor. Esta trazabilidad es crucial para garantizar la confianza del público y cumplir con los estándares internacionales.


La concentración de animales en corrales permite optimizar el uso del espacio, a diferencia del pastoreo extensivo que requiere grandes extensiones de tierra. Además, se logra un mayor control sobre la alimentación, asegurando un crecimiento uniforme y rápido, lo que resulta en una producción más eficiente. Este enfoque ha generado una cadena de suministro robusta, capaz de abastecer tanto el mercado nacional como las exportaciones internacionales.


Actualmente, los corrales intensivos representan más del 70% de la carne consumida en México, generando miles de empleos directos e indirectos en todo el país. El éxito del modelo se ve reflejado en la calidad de la carne mexicana, que es apreciada por su ternura, color rojo intenso y sabor. Estas características han conquistado mercados internacionales, posicionando al país como un proveedor confiable de productos cárnicos de alta calidad.


En comparación con el sistema de pastoreo (grass-fed), que produce animales más adultos con carne más oscura y grasa amarilla, la alimentación intensiva con granos permite obtener un producto más tierno y atractivo para el consumidor moderno. México se ha posicionado como un referente en producción cárnica, combinando innovación genética con alianzas estratégicas para mejorar la oferta de becerros.


La integración de becerros machos de razas lecheras al sistema de engorda, junto con los cruzamientos entre razas cebuinas y europeas, han permitido adaptar la producción a diferentes climas y satisfacer la demanda global. El futuro de la ganadería mexicana se construye sobre la base del corral intensivo. Esta estrategia ha permitido a México consolidarse como un actor relevante en la producción de carne de alta calidad a nivel global.

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